Jaime Chuchuca



EL CAPITALISMO Y LA FRACTURA DEL METABOLISMO UNIVERSAL EN KARL MARX

NATURALEZA Y SER HUMANO
                                                       
En la primera tesis de Marx sobre Feuerbach, Marx critica al materialismo anterior y al de Feuerbach porque es un materialismo contemplativo, porque “concibe las cosas, la realidad, la  sensoriedad”  como  objeto  de  contemplación,  pero  debido  a  que  asimismo  la  actividad sensorial  humana no  es  concebida  como  objeto,  como  acción  práctica,  subjetiva.  El lado activo del sujeto, dice Marx, ha sido desarrollado por el idealismo; y desde su concepción Marx elabora este lado en el materialismo indicando que la actividad humana, subjetiva, es también una actividad objetiva. La acción humana por tanto es subjetivo-objetiva y objetivo- subjetiva; la actividad humana se objetiva y se hace objeto; el ser humano se desobjetiva y se objetiva en el proceso de objetivación, enajenación, en el trabajo; pero, igualmente, en este proceso cambia el sujeto y su propia objetividad. En la praxis crítica, como propuesta de Marx,  en  cuanto  actuación  revolucionaria  transforma  en  su  proceso  al  sujeto-objeto  y  al objeto-sujeto. (Marx, 2010).

El materialismo histórico de Marx es un materialismo vital que vincula los momentos ontológicos-antropológicos con los antropológicos-ontológicos.

Esta misma tesis es la que se desarrolla en los Manuscritos de 1844; aquí Marx explica que el ser humano es producido por la naturaleza, y que el mismo es naturaleza; el ser humano es un ser natural pasivo en cuanto es producido por la naturaleza, pero también es un ser activo  porque  produce  objetos,  objetos  extrañados  (enajenados)  de  sus  fuerzas,  para satisfacer sus necesidades. El ser humano como ser de la naturaleza tiene también naturaleza al margen de él, puesto que es un ser objetivo tiene objetos fuera de él; el mismo es un objeto y otros son objetos para él, pero aquí también está presente su actividad subjetiva y el proceso de subjetivación.

“Cuando el humano real –escribe Marx–, corpóreo, en pie sobre la tierra firme y aspirando y exhalando todas las fuerzas naturales, pone sus fuerzas esenciales reales y objetivas como objetos extraños mediante su enajenación, el acto de poner no es el sujeto; es la subjetividad de fuerzas esenciales objetivas cuya acción, por ello, ha de ser también objetiva. El ser objetivo actúa objetivamente y no actuaría objetivamente si lo objetivo no estuviese implícito en su determinación esencial. Sólo crea, sólo pone objetos  porque  él  [el  ser  objetivo]  está  puesto  por  objetos,  porque  es  de  por  sí naturaleza. En el acto del poner no cae, pues, de su «actividad pura» en una creación del objeto, sino que su producto objetivo confirma simplemente su objetiva actividad, su actividad como actividad de un ser natural y objetivo.” (Marx, 1972:193,194).

Las fuerzas esenciales del ser humano, objetivas y reales, en el proceso de enajenación se tornan en objetos enajenados. El ser humano produce objetos porque en su propia esencia tienen objetividad y porque la acción de su subjetividad de las fuerzas esenciales objetivas también  son  objetivas;  porque  es  objetivo-natural  tiene  actividad  objetivo-natural,  y  su actividad  objetivo-natural,  al  no  ser  una  “actividad  pura”,  es  una  actividad  que  genera productos de igual condición, es decir, momentos que reflejan su actividad subjetiva.

“La sociedad es pues, -sintetiza Marx- la plena unidad del ser humano con la naturaleza, la verdadera resurrección de la naturaleza, el naturalismo realizado del ser humano y el realizado humanismo de la naturaleza (…) El humano produce al humano, a sí mismo y al otro humano [...] Así como es la sociedad misma la que produce al humano en cuanto humano, así también es producida por él. [...] Toda la llamada Historia universal no es otra cosa que la producción del humano en el trabajo humano (Marx, 1976: 28).

La  relación  entre  el  ser  humano  y  la  naturaleza  es  una  relación  objetivo  subjetiva  y subjetivo objetiva. En los procesos de objetivación y subjetivación del ser humano, radican los vínculos de la praxis crítica.


METABOLISMO SOCIAL

La categoría cuerpo no puede ser abordada sin la categoría metabolismo social. El cuerpo se produce y reproduce dentro del metabolismo social. El metabolismo social se (re)produce en la relación del ser humano con la naturaleza. Como dice Marx, y luego desarrolla Engels su famoso ensayo El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, el cuerpo humano se transforma cuando se transforma la naturaleza y esta, a su vez, se transforma transformando al mismo tiempo al ser humano. El trabajo humano no es más que la actividad humana misma puesta al servicio de su sobrevivencia.

Cuando Marx sentaba las “premisas reales” de la concepción materialista de la historia en La Ideología Alemana, indicaba que “La primera premisa de toda historia humana es, naturalmente, la existencia de individuos humanos vivientes. El primer estado que cabe constatar es, por tanto, la organización corpórea de estos individuos y, como consecuencia de ello, su relación con el resto de la naturaleza (...) Toda historiografía tiene necesariamente que partir de estos fundamentos naturales y de la modificación que experimentan en el curso de la historia por la acción de los seres humanos.

Podemos distinguir al humano de los animales por la conciencia, por la religión o por lo que se quiera. Pero los hombres mismos comienzan a ver la diferencia entre ellos y los animales tan pronto comienzan a producir sus medios de vida, paso este que se halla condicionado por su organización corpórea. Al producir sus medios de vida, el humano produce indirectamente su propia vida material.”   (Marx-Engels, 1957, pág. 19).
Esta premisa se convierte al mismo tiempo en una premisa para el estudio de la humanidad y  de  la  historia  humana,  la  cual  es  posible  sólo  con  individuos  humanos  vivientes, organizados  corpóreamente  como  tales,  en  su  relación  con  el  “resto”  de  la  naturaleza  al tiempo que ellos también son naturaleza.

Si los humanos constatan sus diferencias con los animales cuando comienzan a producir medios de vida, esto quiere decir que se distinguen de ellos, pero al mismo tiempo entran en el reino de su destrucción. La organización corpórea humana condiciona la producción de los medios de vida y al revés, la producción de los medios de vida condiciona la organización corpórea humana. Hay un condicionamiento natural para ser seres humanos y la naturaleza humana puesta en actividad, con su trabajo, condiciona su naturaleza y la naturaleza toda. La producción  de  los  medios  de  vida  humanos  produce  su  vida  material,  su  entorno  y  la circunstancia material en la que vive.

La naturaleza de los medios de vida y los que producen los seres humanos condicionan el modo como estos serán producidos. En los humanos esto no sólo es una mera reproducción de su existencia física sino de un determinado modo de vida. “Tal y como los individuos manifiestan su vida, así son. Lo que son coincide, por consiguiente, con su producción, tanto con  lo  que  producen  como  con  el  modo  de  cómo  producen.  Lo que los individuos son depende, por tanto, de las condiciones materiales de su producción” (Marx-Engels, 1957, pág.19). En los seres humanos su ser y su producción coinciden, y, esta producción, no es sino “lo que” y “cómo” lo producen.

Ahora bien, para la producción hace falta la producción y reproducción de la población. La multiplicación de la población es una premisa para la producción y para todo intercambio. Producción e intercambio son dos esferas que se condicionan mutuamente. La expansión de la población condiciona también el desarrollo de la división del trabajo industrial y comercial, de la ciudad y el campo, de los centros y periferias de las distintas partes del globo. En este sentido, como diría Marx: “Las diferentes fases de desarrollo de la división del trabajo son otras tantas formas distintas de la propiedad; o, dicho en otros términos, cada etapa de la división del trabajo determina también las relaciones de los individuos entre sí, en lo tocante al material, el instrumento y el producto del trabajo.” (Marx-Engels, 1957, pág. 20)

La  organización  corpórea  de  los  seres  humanos  en  su  relación  con  las  esferas  de  la producción y el intercambio contemplan la organización de las diferentes formas de sociedad. La organización corpórea de los seres humanos tiene relación directa con la organización de la familia, y la organización de la familia con la formas de propiedad. Estos nexos han hecho que se distingan, por ejemplo, las formas de la propiedad tribal, la antigua propiedad comunal y estatal, la propiedad feudal o por Estamentos, el modo de producción asiático, los modos de  producción  americanos  y  todas  las  formas  de  propiedad  del  capital  de  la  sociedad burguesa.

En este sentido son conocidas las cuatro premisas fundamentales de Marx: 1) la premisa de  toda  existencia  humana,  y  de  toda  historia,  es  que  los  seres  humanos  se  hallen  en condiciones  de  vivir;  2)  la  acción  de  satisfacer  esta  necesidad;  con  la  adquisición  de instrumentos crea nuevas necesidades; 3) la procreación de otros seres humanos, la familia; y  4)  la  “producción  de  la  vida,  tanto  de  la  propia  en  el  trabajo,  como  de  la  ajena  en  la procreación” es una doble relación, una relación natural y una relación social (Marx-Engels, 1957, pág. 27).

De estas premisas, como se ve, se puede sostener una clara relación entre las categorías territorialidades, cuerpo y espiritualidades.  Pues el ser humano no puede ser él si no transforma la naturaleza, y con ella todo territorio, su propio cuerpo y su espiritualidad en conjunto. Las condiciones para poder vivir como comer, beber, un sitio para habitar, vestirse y otras, como dice Marx, son elementos para que el ser humano se desenvuelva con su cuerpo dentro de un territorio y condicione la formación de su espíritu.
La categoría “espíritu” podría catalogarse como problémica en la teoría de Marx, pero es de  su  frecuente  uso,  siempre  cuando  se  sustente  que  este  se  origina  en  las  condiciones materiales de vida.

Marx es contundente en criticar a la ideología alemana por considerar a la conciencia como una “conciencia pura”. En su crítica sienta que el “espíritu” esta “‘preñado’ de materia” y una de sus primeras formas de manifestación es en “forma de lenguaje”. “El lenguaje es tan viejo como la conciencia: el lenguaje es la conciencia práctica, la conciencia real”, y en la medida que existe para los demás seres humanos “comienza a existir para mí mismo” (Marx-Engels, 1957:30); Marx resumen que “la realidad inmediata del pensamiento es el lenguaje”1 (Marx-Engels, 1957:506).

El lenguaje nace de la necesidad, de la necesidad de relacionarse con los demás seres humanos.  La  conciencia  es  “un  producto  social”,  no  es  un  producto  individual.  “La conciencia es (…) –escribe Marx– conciencia del mundo inmediato y sensible que nos rodea y conciencia de los nexos limitados con otras personas y cosas fuera del individuo consciente de sí mismo”. La conciencia del ser humano aparece en su relación con la naturaleza.  La naturaleza aparece primero como un poder extraño y todopoderoso, ante la que actúan como una “conciencia puramente animal de la naturaleza”.  En estas primeras nociones de la naturaleza, la conciencia animal se presenta como un tipo de “religión natural” (Marx-Engels, 1957, págs. 30,31).

El  comportamiento  frente  a  la  naturaleza  y  a  la  forma  social  se  hallan  mutuamente determinados. La acción humana produce en la naturaleza pocas modificaciones históricas, las que incluyen al ser humano. La conciencia de entablar relaciones con los individuos es la conciencia de que el ser humano vive en sociedad. Al inicio la conciencia es tan animal como la propia vida social. El instinto del ser humano se distingue del animal porque es un instinto consciente (Marx-Engels, 1957, pág. 31).

La  expansión  de  la  procreación  humana  expande  la  producción  humana  y sus  propias necesidades, con ella se perfección la conciencia gregaria. La división del trabajo al principio sólo es una división del “acto sexual [Geschlechtsakt: coito]”.  La división del trabajo de modo natural sólo corresponde a las dotes físicas, necesidades y coincidencias. “La división del trabajo sólo se convierte en verdadera división a partir del momento en que se separan el trabajo físico y el intelectual”. Es sólo así, después de esta división, que la conciencia puede imaginarse como algo distinto de la “conciencia de la práctica existente”. Y es sólo así que se puede hablar de un espíritu desconectado de su realidad corporal (Marx-Engels, 1957, pág. 31).

La conciencia, entonces, desde este instante, dice Marx, está en condiciones de separarse del mundo y crear la teoría, la teología, la filosofía o la moral “puras”. Estas expresan la contradicción de las relaciones sociales existentes. Con la división del trabajo en actividades materiales y espirituales se abre el campo de la hegemonía de una u otra.

El poder social se organiza de la enajenación de las fuerzas materiales y espirituales de la población. Este poder genera toda una masa de desposeídos, lo que  lleva a la sublevación, en  contradicción  contra  “un  mundo  de  riquezas  y  cultura”,  lo  que  presupone  un  gran crecimiento de las fuerzas productivas (Marx-Engels, 1957:34, 35).

De  esta  lógica,  son  conocidas  ya  las  propuestas  de  Marx  respecto  de  los  modos  de producción  de  la  vida  material,  de  la  conciencia  social,  la  constitución  del  Estado  y  los cambios que provendrían de las conmociones revolucionarias. Las condiciones materiales de vida decidirían las conmociones revolucionarias que derroque la base de lo existente. Sin embargo, para “cambiar la marcha práctica de las cosas” en nada contribuye proclamar “la idea”  de  esta  conmoción  revolucionaria  “como  lo  demuestra  la  historia  del  comunismo” (Marx-Engels, 1957:40); es necesaria la practica revolucionaria misma.



­­­­­­­­­­­­­­­­FRACTURA DEL METABOLISMO UNIVERSAL Y SOCIAL

En  esta  ponencia  no  entraré  en  detalles  de  cómo  se  constituyeron  las  territorialidades históricamente. Solamente apunto que en la historia de la división del trabajo en físico e intelectual  y  la  organización  del  trabajo,  hasta  en  sus  últimos  artilugios  tecnológicos,  la administración,  el  despojo  territorial,  la  invasión  y  el  reordenamiento  del  mundo  y  las localidades  están  afectadas.  La  división  de  los  espacios  de  vida  en  ciudades  y  campo, ciudades-Estado   y   Estado-Naciones,   es   parte   de   los   argumentos   de   la   categoría territorialidades.
En  esta  parte  lo  más  importante  que  tengo  que  rescatar  es  la  tesis  de  la  fractura  del metabolismo social, la cual desprendió Marx de su investigación de la agricultura capitalista industrializada.

El concepto desarrollado por Ricardo sobre la renta de la tierra (der Grundzins) consiste en la diferencia entre el rendimiento de la tierra rentada y la tierra de peor calidad que compensa los esfuerzos del cultivo. Sin embargo, Engels va más allá y señala que “la renta del suelo es la relación que media entre la capacidad de rendimiento de la   tierra, o sea, entre el factor natural, (formado, a su vez, por las condiciones naturales y el cultivo humano es decir, el trabajo  invertido  para  mejorar  la  tierra),  y  el  factor  humano,  la  competencia.”  (Engels, 1973:130).

La producción agrícola e industrial, el comercio y la producción misma de la vida humana están subsumida al capital.

En el tomo III de El Capital Marx escribe:
“Por  otra parte,  la  gran  propiedad  sobre  la  tierra  reduce  la  población  agrícola  a  un mínimo  en  descenso  constante  y  le  opone  una  población  industrial  en  constante aumento y concentrada en grandes ciudades; y de este modo crea condiciones que abren un abismo irremediable en la trabazón del metabolismo social impuesto por las leyes naturales de la vida, a consecuencia del cual la fuerza de la tierra se dilapida y esta dilapidación es transportada por el comercio hasta mucho más allá de las fronteras del propio país”. (Marx K. , 1973, pág. 494)
El  incremento  incesante  de  la  población  urbana  en  las  grandes  ciudades,  y por  eso  de  la producción capitalista misma, quebranta el metabolismo entre el ser humano y la tierra. Los elementos consumidos como alimento y vestido por el ser humano no pueden retornar a la tierra, alterando “la condición natural eterna sobre que descansa la fecundidad permanente del suelo”. La salud de los seres humanos se ve afectada y “las bases primitivas y naturales de  aquel  metabolismo,  obliga  a  restaurarlo  sistemáticamente  como  ley  reguladora  de  la producción social y bajo una forma adecuada al pleno desarrollo del ser humano” (Marx, 1973, p. 277).
El progreso de la agricultura capitalista, dice Marx, no es sólo un progreso “en el arte de esquilmar al obrero, sino también en el arte de esquilmar la tierra”. Con la intensificación técnica para la fertilidad de la tierra se produce el agotamiento de las fuentes de esa fertilidad (Marx, 1973, p. 277).

En el capitalismo es obvio que la fractura del metabolismo social pone en riesgo la naturaleza, al ser humano y toda vida existente. La producción humana extrae los valores de uso de la naturaleza, alterada esta se pone en riesgo la subsistencia. El valor de cambio no puede tener sustento sino es con la acción recíproca con el valor de uso.

La superación de la división del trabajo físico e intelectual y de la división de las ciudades y el campo, de los centros y periferias, y todas las expresiones de la organización del capital en las territorialidades y con ello la superación misma del sistema del capitalismo, son un conjunto de alternativas para superar la fractura del metabolismo social.


CONCLUSIÓN

Se puede concluir que la evolución del cuerpo humano durante cientos de miles de años en el planeta es una composición orgánica producida para un mundo que ha dejado de existir. Las revoluciones en la producción, que han sobrevenido desde el neolítico hasta la modernidad capitalista, han transformado brutalmente el medio ecológico para el que evolucionó el ser humano. La fractura del metabolismo universal, natural-social, produce un desgarramiento insanable.

La modernidad capitalista pone en riesgo el metabolismo natural, social y el metabolismo del cuerpo humano. Aunque el cuerpo humano sea considerado de modo individual, es una construcción social. La salud se corresponde con la fuerza corporal y la fuerza corporal con la sobrevivencia humana. Un ser humano más débil que otro podía morir en el paleolítico. Un ser humano que se sentía o veía débil podía poner en riesgo su sobrevivencia y reproducción. El cuerpo es la fuente de la fuerza y, por tanto, del poder. El cuerpo colectivo es una fuente de la fuerza social y de las relaciones sociales y de todo el poder que estas generan.

La industria capitalista aísla las partes constituyentes del cuerpo social e individual y sus productos están distribuidos de ese mismo modo. Las disciplinas del campo científico y las actividades del ser humano en el capitalismo como la agricultura, la medicina, la farmacéutica, la nutrición, la psicología, la cultura física, los deportes, el fitness, etc. tienen como principal objetivo el valor de cambio, no el valor de uso. El tiempo de la vida entregado al cuerpo. La misma división capitalista que se produce en la mercancía entre valor de uso y valor de cambio se produce en el cuerpo. El cuerpo en el capitalismo está mercantilizado hasta en sus fibras más íntimas. La tendencia a resaltar la forma, la “belleza”, por sobre la fuerza y la salud, revela la contradicción entre valor de cambio y el valor de uso.

El vínculo armónico entre la naturaleza y el cuerpo humano ha sufrido una fractura inducida por la cultura humana y sus patrones tecnológicos. No obstante, del mismo modo que una enfermedad puede ser curada con los principios del cuidado, una enfermedad sistémica necesita de una revolución sistémica y cultural, esto es espiritual, en los principios de la salud del cuerpo.


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1 A semejanza del λόγος griego que   también contiene, como se sabe, la doble significación de lenguaje o palabra y pensamiento o razón.


Bibliografía
Marx, C. (1968). Manuscritos economico-filosóficos de 1844. México: Grijalbo, S.A. Marx, K. (1972). Manuscritos Economía y Filosofía. Madrid: Alianza editorial.
Marx, K. (1973). El Capital (Tomo III). Bogotá: Fondo de Cultura Económica.
Marx, K. (2010). Tesis sobre Feuerbach - Thesen über Feuerbach. http://www.ehu.eus/Jarriola/Docencia/EcoMarx/TESIS%20SOBRE%20FEUERBACH%20The senpercentage20ueberpercentage20Feuerbach.pdf.
Marx-Engels. (1957). La Ideología Alemana, Critica de la Novísima Filosofía Alemana en las Personas de sus Representantes Feuerbach, B. Bauer y Stirner, y del Socialismo Alemán en las de sus Diferentes Profetas. Montevideo: Pueblos Unidos.

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